¿Por qué en la Cueva de Ardales se han encontrado restos de arte rupestre de hace 25.000 años cuando en el resto de cavernas de Andalucía los motivos más antiguos se remontan 5.000 años atrás? ¿Fue aquí donde los primeros homo sapiens se atrevieron a llegar a las cavidades más recónditas y oscuras que nunca alcanzaron sus antepasados neandertales? ¿Qué tecnología utilizaron para explorar y habitar unas profundidades nunca antes pisadas?
A estas y otras preguntas podría responder una reciente investigación que sostiene que la clave de todo fue un paso de gigante en lo que se refiere al uso del fuego por parte del hombre prehistórico, quien empezó aquí a utilizar cera de abeja como combustible de las primitivas lámparas de la época.

Así lo afirma un estudio científico de Pedro Cantalejo y María del Mar Espejo, miembros de la Red de Patrimonio Guadalteba, que presentó recientemente estas conclusiones en el prestigioso Ciclo de Conferencias de la Sociedad Prehistórica de Cantabria que se celebra anualmente en aquella comunidad autónoma.

Cartel de las jornadas.
La Asociación Cilniana, celebra los 15 años de su fundación con la realización de unas jornadas sobre la importancia del patrimonio sumergido en nuestros mares.
Era la salsa más apreciada como condimento por los romanos, una ‘delicatessen’ para las clases altas de la sociedad a la que, además, atribuían propiedades afrodisiacas. Su ingrediente principal: boquerones de la bahía de Málaga. Así lo ha revelado una investigación realizada en la factoría de salazones hallada junto al Teatro Romano de Málaga.

Durante las excavaciones en las piletas existentes junto a este monumento, se descubrieron restos de la última producción de garo o ‘garum’, que ha sido analizada en colaboración con un proyecto del Departamento de Arqueología de la Universidad de Málaga. El boquerón era el pescado más recurrente, con más del doble de ejemplares que la sardina. Les seguían a distancia los jureles, la brótolas de roca y las lizas, y también se han encontrado vestigios de caballas, rodaballos y atunes rojos, según fuentes de la Delegación de la Consejería de Cultura en Málaga.
Nicolás Cabrillana Ciézar, nacido en Yunquera el 9 de noviembre de 1926, ha fallecido en Málaga el pasado domingo 21 de marzo.
Su dilatada trayectoria como historiador queda reflejada en numerosas publicaciones, con especial dedicación sobre los moriscos. Su libro Almería morisca constituye uno de los mejores ejemplos de erudición sobre este pueblo y material de consulta imprescindible para los historiadores.
Amante del reto, abordó la difícil tarea de catalogar la documentación que sobre los protocolos notariales de Marbella custodiaba el Archivo Histórico Provincial de Málaga. Quienes le conocimos vivimos con él ese entusiasmo que despierta en el investigador afrontar un difícil proyecto. Y lo consiguió, no sin esfuerzo.
El libro se vio materializado en 1989 bajo el título Documentos notariales de Marbella (1536-1573), e inmediatamente fue una valiosa herramienta de trabajo para quienes buceamos entre legajos maltrechos y supervivientes a las alteraciones sociales y políticas que acaecieron en nuestro país durante siglos.

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